José Pérez

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Tu contenido no es gratis: cómo frenar la piratería, la suplantación y las estafas con tu imagen

 

Robar contenido no es “un halago”: es una infracción que puede destruir la reputación y el negocio de una modelo o creador de contenido. Cada día veo fotos, videos y transmisiones en vivo que salen de cuentas legítimas para terminar recortadas, reempaquetadas o puestas al servicio de estafas en páginas espejo, aplicaciones piratas y perfiles falsos. El patrón se repite: descargan el material, cambian marcas de agua, manipulan el audio, agregan enlaces a pasarelas de pago fraudulentas y suplantan identidades para engañar a la audiencia. El daño es doble. Te quitan control y monetización, y además ponen tu nombre al lado de estafas que terminan afectando a tus seguidores.

 

La buena noticia es que no estamos desarmados. En Colombia, las fotografías y los videos están protegidos por el derecho de autor y los derechos conexos. Tú conservas tus derechos morales y patrimoniales sobre la obra que creas, y como intérprete o ejecutante tienes protección específica sobre tus fijaciones audiovisuales. Este marco está recogido en la Ley 23 de 1982, reforzado por la Ley 1915 de 2018 y armonizado con la Decisión Andina 351 de 1993. A esto se suma el derecho fundamental a la propia imagen y al habeas data, que amparan tu identidad, tu voz y tus datos personales desde la Constitución Política de Colombia (artículo 15). En el plano penal, la reproducción y comunicación pública no autorizada puede encajar en delitos contra los derechos patrimoniales de autor y conexos, y cuando hay engaño a usuarios para obtener dinero, hablamos de estafa, sancionada por el Código Penal colombiano. El conjunto de estas herramientas permite actuar con rapidez en tres frentes: bajar contenido, identificar responsables y perseguir sanciones.

 

El primer frente es inmediato y operativo: derribo de contenido. Todas las plataformas grandes tienen mecanismos de notificación y retiro por infracción de derechos. Funciona mejor cuando tu denuncia es quirúrgica: enlace exacto, captura de pantalla con fecha, explicación clara de por qué eres titular y por qué la publicación es infractora, y prueba de tu publicación original. Si el material falsifica tu imagen o utiliza tu nombre para inducir a error, puedes invocar además violación de derechos de imagen, suplantación y publicidad engañosa, según el caso. En paralelo, envía comunicaciones formales de cese y desistimiento a titulares de dominio y a proveedores de hospedaje; muchas veces reaccionan más rápido que la propia plataforma porque sus términos prohíben expresamente el abuso. Cuando el sitio opera fuera del país, aún es posible gestionar retiros mediante reportes técnicos y solicitudes a intermediarios de infraestructura. El objetivo en esta fase es cortar el alcance y secar la audiencia fraudulenta antes de que el daño escale.

 

El segundo frente es probatorio y estratégico: conservar evidencia. No basta con indignarse en historias; hay que guardar pruebas. Descarga las piezas, registra las direcciones de internet, toma capturas de pantalla que muestren fecha, hora, número de seguidores, rutas de pago y, si es posible, el código fuente básico de la página que demuestre incrustaciones o redirecciones. Guarda correos de confirmación de las denuncias que envías y respuestas que recibes. Este expediente, bien organizado, es la diferencia entre una queja y un caso. Te permite activar medidas cautelares civiles, iniciar conciliaciones ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor y sustentar denuncias penales cuando corresponda.

 

El tercer frente es jurídico. Según la intensidad del caso, puedes combinar acciones. La ruta civil busca cesar la infracción y reparar el daño con indemnización. La ruta administrativa y de tutela protege tu imagen, tu buen nombre y tus datos, ordenando eliminaciones y rectificaciones rápidas cuando hay afectación actual a derechos fundamentales. La ruta penal se activa cuando hay explotación sistemática de tu contenido, lucro a costa de tus derechos o maniobras engañosas contra tus seguidores. En escenarios con suplantación para captar pagos, la denuncia por estafa es un pilar. Además, si el infractor usa una red de perfiles falsos, las autoridades pueden solicitar a plataformas y proveedores datos técnicos para identificar responsables con control judicial. Importante: el anonimato no blinda a nadie.

 

La prevención es parte del mismo contrato con tu audiencia. Integra marcas de agua visibles y no visibles, inserta huellas digitales y metadatos, registra tus obras ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor y estandariza un “protocolo de derribo” con formatos de denuncia, cartas tipo y un tablero de seguimiento. Define reglas internas para el acceso a tus cuentas, activa verificaciones en dos pasos y usa gestores de contraseñas. Negocia desde ya con tus agencias, estudios o marcas cláusulas claras de propiedad, licencias limitadas, prohibiciones de sublicenciamiento no autorizado y plazos de retiro de material cuando termine la relación. En plataformas que lo permitan, afilia tu contenido a sistemas de identificación automática para detección y monetización de usos no autorizados.

 

Cuando la infracción ya ocurrió, la calma también es estrategia. Prioriza los canales de mayor alcance, derriba en oleadas, avisa a tu comunidad que solo confíen en los enlaces verificados de tus perfiles oficiales y evita compartir el enlace infractor: ese tráfico gratuito es combustible para la estafa. Si la situación escaló a anuncios pagos con tu imagen, suma a tu plan la solicitud de retiro ante las redes publicitarias, adjuntando la prueba de identidad y el uso indebido. Adicionalmente, documenta el impacto: pérdida de ventas, quejas de usuarios, tiempo de gestión, inversión en reputación. Todo esto cuenta cuando llega la hora de cuantificar perjuicios.

 

Mi punto es simple: el contenido es tu activo y tu identidad es tu marca. Protegerlos no es paranoia, es oficio. Un ecosistema hecho para compartir también es un terreno donde los oportunistas prueban hasta dónde pueden llegar. Con asesoría legal especializada, un protocolo operativo y disciplina probatoria, no solamente puedes detener el abuso y responsabilizar a quien corresponda; puedes convertir el golpe en una oportunidad para fortalecer tu relación con la audiencia, profesionalizar tus procesos y blindar tu negocio para lo que viene. Si estás en medio de un caso o quieres diseñar tu protocolo de protección, trabajemos en un plan que combine derribo rápido, persecución efectiva e ingeniería preventiva para que tu carrera no sea rehén de terceros.

Protejo lo que te hace único: tu talento, tu creatividad y tu reputación.
Con experiencia de campo y atención obsesiva al detalle, convierto riesgos en ventajas: marcas registradas, contratos impecables, licencias bien cobradas y crisis bajo control. Menos ruido, más resultados medibles para que tu empresa y tu carrera avancen con seguridad.

Nuestros clientes opinan sobre nosotros

Tengo la fortuna de ser representado por una firma de abogados expertos y eficientes como Grupo Medellín y gracias a ellos, en especial a José Pérez, he podido solucionar muchos conflictos legales que en un tiempo afectaron y frenaron mi carrera musical. Hoy me siento tranquilo y bien respaldado gracias a Grupo Medellín que me han brindado un excelente servicio jurídico en todos los asuntos de protección de mi carrera.

 

JORGE PABUENA 

Cantante y Compositor

Trabajar con Grupo Medellín fue una de mis primeras experiencias legales, y me sentí súper seguro, ya que la atención que me dieron, la asesoría y el tiempo a mi caso fue excelente.  Luego conocí que había más áreas de la parte legal en el sector del entretenimiento en el que yo vivo, que me hacían falta y José Pérez me asesoró en cada momento y con excelente disposición.  He tenido otros abogados y realmente no hay ninguno como Grupo Medellín, que realmente les interesa apoyarte en cada caso.

 

BLAD RHOY

Creador de Contenido Digital